
Es un día de esos que no difieren en nada de otro cualquiera,
¿en nada?
Es un día soleado, manchado de nubes blancas con rayos de luz que cruzan el cielo como si quisieran señalar algo.
Tu mirada sigue esos rayos como hipnotizada, como si alguien te susurrara al oído que encontrarás algo al final de esas brillantes flechas.
Al ver un Blanco Corcel protagonista de semejante ramo de luz tu mente ha viajado a otro lugar, una Isla.
-No- te repites, ha sido una visión. Entre esos arcos del Generalife no puede haber un caballo, pero tu curiosidad domina tus movimientos y decides cerciorarte por ti misma.
Al acercarte notas un intenso olor a jazmín y azahar pero ni rastro del blanco animal. Quizás ese chico que está allí de espaldas haya visto algo.
Al tocarle el hombro notas un sudor frío que recorre cada poro de tu piel, porque tu instinto te dice que ya le conoces pero no lo habías visto nunca. Al girarse y ver esos ojos marrones, la carpeta en la que habías estado escribiendo al amparo de la naturaleza cae al suelo, te llevas las manos al rostro y una lágrima recorre tu mejilla como si no pudiese esperar ni un segundo más para reunirse con tus labios.
Es un chico normal, de ojos pequeños, expresión serena, pelo castaño rasurado, alguien con quién te cruzas mil veces y no te llama especialmente la atención, pero que una vez que lo conoces interiormente penetra en tu mente y ya nunca te abandona. Lleva un ramo de flores, campanas blancas, que te ofrece con una sonrisa -son para ti-. El corazón se te acelera y sientes que quiere salirse del pecho, como si quisiera reunirse con el corazón del Romeo sin esperar siquiera que reaccione el resto del cuerpo.
Cuando te das cuenta estais fundidos en un abrazo y tus labios están temblando esperando ese beso que tantas veces imaginaste. Beso que una vez en tu boca te sabe a miel, y saboreas esos labios que te reciben y sumergen en un mar de sensaciones. Labios que te rozan, te aprietan, te acarician, te envían fuera de tu cuerpo mientras unas manos sujetan tu rostro, acariciando suavemente tu nuca, recorriendo tu pelo, perdiéndose en tu espalda para volver a buscar tu cuello nuevamente.
Entonces te despiertas sudando, buscando a los lados a ese chico, por si no fue un sueño y simplemente te perdiste en un terremoto de emociones para caer rendida de placer. Y cuando caes en la cuenta de que estás en tu habitación, sola y te resignas a que solo fue un sueño percibes denuevo esa fragancia a jazmín y azahar, te asomas a la ventana y ves un haz de luz que cruza hacia un rincón oscuro en la noche, donde un Corcel Blanco espera en la sombra.
Blanco Corcel

vaya vaya
ResponderEliminarel que nunca habia escrito.
Que Historia mas hermosa.
¡¡Esta hermoso!!
gracias por escribirme semejante cosas tan lindas.
ES UN ALAGO SER TU INSPIRACIÓN
Me lo he pasado muy bien escribiéndola para ti, eres la musa que hechiza mi mano e inspira lo que escribo para alegrar tus oídos.
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