
Risueña, tranquila, inteligente, paciente, educada, comprometida, agradecida, familiar, mística, celosa de su espacio, con mucha personalidad, con carácter, amante de una buena conversación, enamorada del momento. A veces fría, a veces dulce, a veces pensativa, a veces dicharachera, apasionada siempre.
Tiene la tez morena, signo de su origen latino, donde el Sol mantiene la sangre caliente y el corazón alegre. Sus ojos café "pure Colombia" tienen la profundidad de un abismo, en los que si te asomas pierdes la noción del tiempo. De nariz respingona, pequeña, ligeramente curvada al cielo, adornando su cara, complemento de unos labios carnosos que dejan asomar sus blancos dientes en una sonrisa perfecta. Una gran cabellera azabache corona su cabeza, cayéndole ondulada sobre un cuello que ansía ser mordido. Grabados en tinta, sus gustos y creencias se dibujan en su cuerpo. Sus manos son pequeñas, suaves, delicadas, de dedos finos que cuando te acarician es como si te rozaran los pétalos de una rosa.
Sus besos son como el roce de la brisa en un día caluroso, te envuelven, te refrescan, te transportan a otro mundo, son una explosión de sabor en tu boca y un escalofrío que te baja por el estómago, estalla en mil como un fuego artificial, buscando cada parte de tu cuerpo, recorriendo cada nervio, dejando un cosquilleo en la punta de los dedos, donde pierdes la conciencia de quien eres, donde estás; tu alma se ha elevado se ha despegado de tu cuerpo, tu conexión con el mundo es su respiración, sus manos acariciándote, sus latidos...
entonces se despega de ti, su cara refleja una lucha interna entre corazón y mente; su cuerpo le pide más, su cabeza le dice que se controle. Tú sigues en trance, asimilando lo que ha sucedido, aterrizando en un cuerpo que aún tiembla, que aún rezuma su sabor, su olor, su tacto.
Entonces la miras, tan guapa, tan enigmática, tan cautivadora, mordiéndose el labio inferior, con la cabeza gacha, mirándote de reojo, y sabes que ambos estáis perdidos, el torrente de sensaciones se llevó la empalizada que defendía el último reducto de cordura que aún os separaban.
Blanco Corcel

No hay comentarios:
Publicar un comentario