lunes, 12 de octubre de 2009

La última entrada

El color ha entrado en mi vida como un tren de mercancías sin frenos.
Blanco Corcel ha sido secuestrado y escondido en un establo que le ofrece todas las comodidades de un pura sangre, así que no sufráis por él, estará bien cuidado.
Con esto quiero decir que ya no escribiré más entradas aquí, esta es la última, al corcel le salió un cuerno entre ceja y ceja.
No os preocupéis si no comprendéis la entrada, porque si habéis perdido el hilo podéis mandar a vuestra pareja a por palomitas, osea, está en clave.

Milena es nombre de mujer

Risueña, tranquila, inteligente, paciente, educada, comprometida, agradecida, familiar, mística, celosa de su espacio, con mucha personalidad, con carácter, amante de una buena conversación, enamorada del momento. A veces fría, a veces dulce, a veces pensativa, a veces dicharachera, apasionada siempre.
Tiene la tez morena, signo de su origen latino, donde el Sol mantiene la sangre caliente y el corazón alegre. Sus ojos café "pure Colombia" tienen la profundidad de un abismo, en los que si te asomas pierdes la noción del tiempo. De nariz respingona, pequeña, ligeramente curvada al cielo, adornando su cara, complemento de unos labios carnosos que dejan asomar sus blancos dientes en una sonrisa perfecta. Una gran cabellera azabache corona su cabeza, cayéndole ondulada sobre un cuello que ansía ser mordido. Grabados en tinta, sus gustos y creencias se dibujan en su cuerpo. Sus manos son pequeñas, suaves, delicadas, de dedos finos que cuando te acarician es como si te rozaran los pétalos de una rosa.
Sus besos son como el roce de la brisa en un día caluroso, te envuelven, te refrescan, te transportan a otro mundo, son una explosión de sabor en tu boca y un escalofrío que te baja por el estómago, estalla en mil como un fuego artificial, buscando cada parte de tu cuerpo, recorriendo cada nervio, dejando un cosquilleo en la punta de los dedos, donde pierdes la conciencia de quien eres, donde estás; tu alma se ha elevado se ha despegado de tu cuerpo, tu conexión con el mundo es su respiración, sus manos acariciándote, sus latidos...
entonces se despega de ti, su cara refleja una lucha interna entre corazón y mente; su cuerpo le pide más, su cabeza le dice que se controle. Tú sigues en trance, asimilando lo que ha sucedido, aterrizando en un cuerpo que aún tiembla, que aún rezuma su sabor, su olor, su tacto.
Entonces la miras, tan guapa, tan enigmática, tan cautivadora, mordiéndose el labio inferior, con la cabeza gacha, mirándote de reojo, y sabes que ambos estáis perdidos, el torrente de sensaciones se llevó la empalizada que defendía el último reducto de cordura que aún os separaban.

Blanco Corcel

miércoles, 7 de octubre de 2009

Sacándole los colores a la vida

Me despierto, aún es de noche, la oscuridad se hace cómplice de mi sueño y aún puedo ver esos ojos negros, profundos, como un pozo del que solo puedes percibir el eco de sus aguas, un pozo en el que caigo y me hago prisionero.
Enciendo la luz, el blanco metálico, artificial, me devuelve a la realidad. He dormido dos horas y ahora toca ir a trabajar. Me visto como un autómata, apago la luz, prefiero moverme entre sombras hasta el salón. Enciendo dos velas, prefiero la luz natural, los amarillos y naranjas bailando al son de una brizna de aire imperceptible iluminan lo justo para preparar el café. La vitrocerámica adquiere un rojo brillante, casi demoníaco, como si el mismo infierno estuviera calentando un café que inunda la casa de aromas ocre y pastel que aspiro y tinta mis pulmones.
Al salir a la calle la luz de la Luna, blanca, cegadora, baña las calles de azules, e hipnotizado, como un insecto que no puede luchar contra el magnetismo de una luz, me dejo guiar hasta la mar donde se mira la cara la Luna para admirar su propia belleza. Desde levante asoman los primeros rayos del Sol que cruzan el cielo desde detrás de las montañas, que poco a poco adquieren el verde del pino que te recuerda que estás en el Mediterráneo. En el lado opuesto, a poniente, con el mar como escenario, el cielo que antes era azul marino se torna violeta, añil, lila y por último celeste, como si hubiéramos corrido el velo estrellado nocturno para recogerlo en un abanico de colores sobre el horizonte.
El rocío de la noche ha perlado todo a mi alrededor, las primeras gotas calentadas por el Sol caen translúcidas dejando pasar como en un prisma los colores de todo lo que acompaña su recorrido hasta chocar contra el suelo y romperse en cientos de fragmentos cristalinos que brillan como fuegos artificiales.
El Sol se eleva para llenar de luz cada rincón, para que cada flor abra sus pétalos y atraiga con sus llamativos colores a las encargadas de la polinización, vestidas con su mono amarillo y negro. La Mar, allá donde la profundidad es de unos metros y el fondo es arenoso adquiere el turquesa que mezcla azul y verde, que enamora la vista y engatusa los sentidos. Más adentro, la poseidonia danza al ritmo de las corrientes, donde peces distraidos se camuflan entre los marrones flecos del alga, acariciando sus nacaradas escamas, respondiendo a los rayos que se internan en el azul con reflejos imposibles.
Mi barco se abre camino por azules marinos salpicando de blanca espuma los costados de la embarcación. En popa, una estela triangular, donde luchan azules y blancos por ser protagonistas de la escena, como la huella de un cometa, deja el sello del camino recorrido.
La fuerza del Sol hace que se dore mi piel, dándole un color cobrizo, que me hace sentir el calor en cada poro y, apreciar cada brisa que refresca mi torso curtido por la intemperie.
Al final de la jornada el astro Rey, cansado por el esfuerzo realizado, se dispone a acostarse, pintando un cielo rosa, lila, añil, naranja; los colores se van sucediendo a medida que avanza el ocaso. Las nubes, que quieren participar del espectáculo, adoptan los colores y los hacen suyos dando un toque difuso al cuadro, haciendo que cada minuto plasme una imagen diferente, recordándote la futilidad de un momento, regalándote a cada instante una combinación de colores imposible, enseñando la lección de que todo es etéreo y caduco, que cada instante es único, como únicos son los sentimientos que despiertan en nosotros los colores.

Blanco Corcel

martes, 6 de octubre de 2009

Nosotros dos

Ella apareció sonriente y sensual,
yo creí estar en un sueño,
ella dice que le gusta verme bailar,
yo a su ritmo muevo el cuerpo,
ella busca una amistad,
yo conocerla por dentro,
ella es savia nueva celestial,
yo saboreo cada encuentro,
ella necesita olvidar,
yo quiero ayudarla a hacerlo,
ella teme volver a amar,
yo que se acabe este momento,
ella pronto se tiene que marchar,
yo no quiero que pase el tiempo,
ella encuentra mi compañía jovial,
yo doy vida a un sentimiento:
que ella es alguien especial,
que yo de su risa me alimento.

Blanco Corcel

lunes, 5 de octubre de 2009

Amistad

Gracias por estar ahí,
compartiendo penas y alegrías,
ilusiones y sueños,
días grises y días gloriosos,
cuando hace frío o calor,
cuando lloro o río.


Gracias por estar a mi lado,
sin pedir que cambie,
sin esperar nada a cambio,
ofreciendo tu hombro,
echándome una mano,
recordándome que no estoy solo.

Gracias por ser tú mismo,
por decirme siempre la verdad,
me guste o me escueza,
por caminar a mi lado,
por llenar mis momentos,
por compartir los tuyos.

Gracias por... ser mi amig@


Blanco Corcel

¿Podemos amar sin amarnos a nosotros mismos?

Una vez me preguntaron si yo me amaba, aquella pregunta me dejó perplejo porque yo mismo no me lo había planteado antes.
La verdad es que en algunos momentos de mi vida me había querido mucho y esos puntos habían coincidido con estados de gran felicidad en mi vida. Pero el día que me hicieron dicha pregunta no sentía amor por mi, había perdido el gusto por hacer las cosas que antes me interesaban, había perdido el respeto por mi y la persona que compartía mi vida se hizo cómplice de ese desamor por mi persona inspirada en este estado emocional de desidia hacia uno mismo.
Con todo esto el resultado fue que la pareja que todo el mundo creía ideal, que nosotros mismos creímos eterna, tan enamorados como habíamos estado, se fue diluyendo en un mar de desencuentros.
¿Podemos amar sin amarnos a nosotros mismos? Yo consideraba que estaba enamorado, pero lo cierto es que no amaba de la forma correcta, principalmente porque si no te quieres a ti ¿Cómo vas a ser capaz de querer a otra persona? La respuesta es mal, porque quieres dar amor pero no te sale como a ti te gustaría porque no eres feliz contigo mismo y ese reflejo se lo transmites a la pareja.
Como suele suceder, las lecciones más importantes de la vida las aprendes de la forma más dura y cruda, sufriendo. Así que me vi solo, o eso sentí yo por estar sin pareja (porque mis amigos y mi familia siempre estuvieron a mi lado), sintiendo desprecio por mi por dejar escapar a una persona tan especial en mi vida, con un futuro incierto y pensando que la suerte me había dado la espalda.
Inmediatamente me dije que no me iba a hundir, que recuperaría ese amor por mi, que me labraría un futuro y que podía conseguir lo que quisiera en esta vida.
Así que me puse manos a la obra: estudié lo que me gustaba, después de tantos años planeando una vuelta a las aulas; cambié de ciudad de residencia, cuando siempre había tenido miedo a vivir alejado de mi círculo social; retomé buenos hábitos, que creí perdidos; quité de mi vida todo lo que me alejaba de mi mismo, renunciando a falsas amistades, creencias e ideas; busqué nuevos sueños e ilusiones; básicamente descubrí un nuevo yo que en realidad siempre había estado ahí, entre bastidores, esperando su turno para intervenir.
El proceso de conseguir sacarme los estudios con holgura, no sin esfuerzo; de entablar nuevas y grandes amistades en nuevos círculos sociales; de desenvolverme muy bien en un hábitat al que no estaba acostumbrado, como era la ciudad; de recuperar un estado de forma y salud idóneo; hizo que volviera a tener confianza en mi mismo, a reencontrarme con mis orígenes, a recuperar ilusiones que un día dejé aparcadas.
Hoy puedo decir que me quiero, porque he visto que con esfuerzo, ilusión, determinación y amor por uno mismo todo lo que quieres en esta vida lo puedes conseguir. Nadie dijo que fuera fácil, pero es un bonito camino si te vas quedando con los detalles.
Hoy puedo decir que he conseguido varios de los objetivos que me propuse, que estoy en el camino de conseguir otros tantos, que voy incorporando nuevas metas durante el trayecto.
Hoy puedo decir...que estoy preparado para amar denuevo.

Blanco Corcel

viernes, 2 de octubre de 2009

¿Podemos confiar en los demás?

Hay ocasiones en la vida en que uno se decepciona con el comportamiento de los demás porque no reaccionan como esperábamos, no dicen lo que nosotros diríamos, no escuchan como lo haríamos nosotros o simplemente porque no actúan como nos hubiera gustado. Como consecuencia huimos del contacto, nos ponemos una coraza que cubre nuestro pecho y dejamos de confiar en las personas que tenemos al lado argumentando que la confianza se gana y mientras tanto no puedes confiar en nadie que no seas tú mismo.
Esto ocurre porque estamos pendientes de reaccionar de cierta manera si una persona hace lo que nosotros pensamos que no haríamos en su lugar. Sin embargo nosotros mismos erramos mil veces a lo largo de nuestra vida, haciendo las cosas a nuestra manera, y seguimos teniendo una confianza ciega en nuestra forma de afrontar el día a a día.
¿Significa esto que no podemos confiar ni en los demás ni en nosotros mismos?
Simplemente significa que todos, cada uno de nosotros, unas veces tomaremos decisiones más satisfactorias y otras veces erraremos. Con las malas decisiones aprendemos que cosas no nos convienen, nos hacen daño, no queremos repetir, etc. A la vez aprendemos a buscar nuevos caminos hacía el triunfo mientras no nos rindamos y adquirimos una valiosa experiencia que nos acompañará en lo sucesivo.
Por eso si nosotros tenemos derecho a equivocarnos y somos capaces de aprender de los errores, los demás también deben tener esa oportunidad.
¿Significa esto que debemos dar oportunidades infinitas a la gente?
No hay un número que diga cuantas veces hay que soportar los errores de los demás. Esto depende de si tienen la capacidad de asumir ese error y querer solventarlo para siguientes ocasiones, de si nos hacen daño conscientemente, de nuestra paciencia, de lo que nos inspire cada persona, etc.
Concluyendo, no debemos frustarnos y sufrir por el comportamiento de los demás cuando ya es bastante difícil llevar nuestra propia existencia. Si apreciamos a alguien debemos asumir que es dueño de su vida y que hará cosas que no esperamos, pero que si es alguien que llena nuestro tiempo, que nos aprecia por como somos sabremos darle esa confianza para que cometa sus propios errores, aunque a veces esos errores nos entrometan a nosotros.

Blanco Corcel

Un nuevo comienzo


Hoy es un nuevo día,
el sol ha salido a recibirme y respiro como si hubiera estado encerrado durante un largo periodo en una habitación viciada, sin luz, apartada del mundo, en la cual no había pestillos, ni candados, ni nada que allí me retuviera, pero tampoco nada que me rescatara de esa desidia.

Hoy es un nuevo día,
porque salí del ensimismamiento en el que me encontraba, donde me llegué a sentir cómodo, donde los días no diferían unos de otros, donde la rutina vence a la novedad, donde mi mente se quedó divagando durante un tiempo indeterminado que parecía eterno y no tener fin.

Hoy es un nuevo día,
desperté del sueño que derramaba tonos grises sobre mi alma y al abrir los ojos he visto los colores más vívidos, más brillantes, más intensos, más profundos de lo que mi mente puede asimilar por haber estado expuesta a los contrastes de blancos y negros.

Hoy es un nuevo día,
mis sentidos reaccionan como resortes ante el mínimo estímulo, como si el letargo al que estuvieron expuestos no hubiera podido más que engrasarlos para el día en que conocieran la belleza de tu rostro, la suavidad de tu piel, el sonido de tu voz, el sabor de tus labios, el aroma de tu pelo.

Hoy es un nuevo día,
porque a tu lado navego por mares en calma empujado por una suave brisa que rescata mi barco de perderse a la deriva, porque desde que acompañas mis horas de vigilia las estrellas vuelven a guiar mi camino, porque me dirijo rumbo a tu puerto.

Hoy es un nuevo día...

Blanco Corcel

jueves, 1 de octubre de 2009

Con olor a jazmín y azahar

Es un día de esos que no difieren en nada de otro cualquiera,
¿en nada?
Es un día soleado, manchado de nubes blancas con rayos de luz que cruzan el cielo como si quisieran señalar algo.
Tu mirada sigue esos rayos como hipnotizada, como si alguien te susurrara al oído que encontrarás algo al final de esas brillantes flechas.
Al ver un Blanco Corcel protagonista de semejante ramo de luz tu mente ha viajado a otro lugar, una Isla.
-No- te repites, ha sido una visión. Entre esos arcos del Generalife no puede haber un caballo, pero tu curiosidad domina tus movimientos y decides cerciorarte por ti misma.
Al acercarte notas un intenso olor a jazmín y azahar pero ni rastro del blanco animal. Quizás ese chico que está allí de espaldas haya visto algo.
Al tocarle el hombro notas un sudor frío que recorre cada poro de tu piel, porque tu instinto te dice que ya le conoces pero no lo habías visto nunca. Al girarse y ver esos ojos marrones, la carpeta en la que habías estado escribiendo al amparo de la naturaleza cae al suelo, te llevas las manos al rostro y una lágrima recorre tu mejilla como si no pudiese esperar ni un segundo más para reunirse con tus labios.
Es un chico normal, de ojos pequeños, expresión serena, pelo castaño rasurado, alguien con quién te cruzas mil veces y no te llama especialmente la atención, pero que una vez que lo conoces interiormente penetra en tu mente y ya nunca te abandona. Lleva un ramo de flores, campanas blancas, que te ofrece con una sonrisa -son para ti-. El corazón se te acelera y sientes que quiere salirse del pecho, como si quisiera reunirse con el corazón del Romeo sin esperar siquiera que reaccione el resto del cuerpo.
Cuando te das cuenta estais fundidos en un abrazo y tus labios están temblando esperando ese beso que tantas veces imaginaste. Beso que una vez en tu boca te sabe a miel, y saboreas esos labios que te reciben y sumergen en un mar de sensaciones. Labios que te rozan, te aprietan, te acarician, te envían fuera de tu cuerpo mientras unas manos sujetan tu rostro, acariciando suavemente tu nuca, recorriendo tu pelo, perdiéndose en tu espalda para volver a buscar tu cuello nuevamente.

Entonces te despiertas sudando, buscando a los lados a ese chico, por si no fue un sueño y simplemente te perdiste en un terremoto de emociones para caer rendida de placer. Y cuando caes en la cuenta de que estás en tu habitación, sola y te resignas a que solo fue un sueño percibes denuevo esa fragancia a jazmín y azahar, te asomas a la ventana y ves un haz de luz que cruza hacia un rincón oscuro en la noche, donde un Corcel Blanco espera en la sombra.

Blanco Corcel

Al Galope

Al galope voy por tus aguas,
aguas que invitan a mi cuerpo,
cuerpo que se hunde en tu desnudez,
desnudez que se perla de sudor,
sudor provocado por un pensamiento,
pensamiento de fundirnos en uno.

Al galope voy por tus aguas,
aguas que me empapan de éxtasis,
éxtasis por oler tu aroma,
aroma que penetra en mi piel,
piel que retiene tu tacto,
tacto que alimenta esta sed de ti.

Al galope voy por tus aguas,
aguas de las que bebe una Mariposa,
Mariposa que visita mis sueños,
sueños que embriagan mi vida,
vida que cobra sentido contigo,
contigo que me recibes en tus aguas.

Blanco Corcel