lunes, 5 de octubre de 2009

¿Podemos amar sin amarnos a nosotros mismos?

Una vez me preguntaron si yo me amaba, aquella pregunta me dejó perplejo porque yo mismo no me lo había planteado antes.
La verdad es que en algunos momentos de mi vida me había querido mucho y esos puntos habían coincidido con estados de gran felicidad en mi vida. Pero el día que me hicieron dicha pregunta no sentía amor por mi, había perdido el gusto por hacer las cosas que antes me interesaban, había perdido el respeto por mi y la persona que compartía mi vida se hizo cómplice de ese desamor por mi persona inspirada en este estado emocional de desidia hacia uno mismo.
Con todo esto el resultado fue que la pareja que todo el mundo creía ideal, que nosotros mismos creímos eterna, tan enamorados como habíamos estado, se fue diluyendo en un mar de desencuentros.
¿Podemos amar sin amarnos a nosotros mismos? Yo consideraba que estaba enamorado, pero lo cierto es que no amaba de la forma correcta, principalmente porque si no te quieres a ti ¿Cómo vas a ser capaz de querer a otra persona? La respuesta es mal, porque quieres dar amor pero no te sale como a ti te gustaría porque no eres feliz contigo mismo y ese reflejo se lo transmites a la pareja.
Como suele suceder, las lecciones más importantes de la vida las aprendes de la forma más dura y cruda, sufriendo. Así que me vi solo, o eso sentí yo por estar sin pareja (porque mis amigos y mi familia siempre estuvieron a mi lado), sintiendo desprecio por mi por dejar escapar a una persona tan especial en mi vida, con un futuro incierto y pensando que la suerte me había dado la espalda.
Inmediatamente me dije que no me iba a hundir, que recuperaría ese amor por mi, que me labraría un futuro y que podía conseguir lo que quisiera en esta vida.
Así que me puse manos a la obra: estudié lo que me gustaba, después de tantos años planeando una vuelta a las aulas; cambié de ciudad de residencia, cuando siempre había tenido miedo a vivir alejado de mi círculo social; retomé buenos hábitos, que creí perdidos; quité de mi vida todo lo que me alejaba de mi mismo, renunciando a falsas amistades, creencias e ideas; busqué nuevos sueños e ilusiones; básicamente descubrí un nuevo yo que en realidad siempre había estado ahí, entre bastidores, esperando su turno para intervenir.
El proceso de conseguir sacarme los estudios con holgura, no sin esfuerzo; de entablar nuevas y grandes amistades en nuevos círculos sociales; de desenvolverme muy bien en un hábitat al que no estaba acostumbrado, como era la ciudad; de recuperar un estado de forma y salud idóneo; hizo que volviera a tener confianza en mi mismo, a reencontrarme con mis orígenes, a recuperar ilusiones que un día dejé aparcadas.
Hoy puedo decir que me quiero, porque he visto que con esfuerzo, ilusión, determinación y amor por uno mismo todo lo que quieres en esta vida lo puedes conseguir. Nadie dijo que fuera fácil, pero es un bonito camino si te vas quedando con los detalles.
Hoy puedo decir que he conseguido varios de los objetivos que me propuse, que estoy en el camino de conseguir otros tantos, que voy incorporando nuevas metas durante el trayecto.
Hoy puedo decir...que estoy preparado para amar denuevo.

Blanco Corcel

No hay comentarios:

Publicar un comentario